De JLP a AMLO: no pago para que me pegues

Carlos Jesús Rodríguez Rodríguez / HAY UN lenguaje en México –y el mundo- conocido como “entrelíneas”. Se trata de una expresión que significa de forma no explícita sino sobrentendida, una orden. Es como escuchar en voz alta los pensamientos de un superior, como si los humanos no fuésemos capaces de expresar siempre de manera directa lo que realmente queremos o pensamos. Y es ese lenguaje el más tétrico o macabro, ya que algunos, por algún gesto o expresión del presidente en turno, gobernador o alcalde podrían cometer actos deleznables como, incluso, el crimen. En los regímenes autoritarios, por ejemplo, si la primera autoridad, llámese titular del Ejecutivo Federal, Estatal o Municipal sugiere que tal o cual periodista es nefasto para el gobierno, no faltará quien entiende el “entrelíneas” como “hay que eliminarlo, desaparecerlo o darle un escarmiento”, pues quedar bien con el que manda es un honor para los serviles. Y es que el “entrelíneas” proviene de la lectura detallada que debe hacerse de algunos textos, en especial de aquellos que encierran mensajes ocultos o solapados, pues lo que se quiere en verdad decir no está expuesto de manera muy evidente y hay que buscarlo entre sus líneas. No es como cuando un grupo de obreros revoltosos fueron detenidos en el gobierno de Porfirio Díaz, y cuando el mandatario preguntó al jefe de la policía por qué protestaban y qué habían hecho para ser encarcelados, el mando respondió que los habían despedido de una textilera y querían su liquidación. Dicen que don Porfirio ordenó, entonces, para evitar más conflictos en la calles que los “liquidaran”, y a los pocos minutos se escucharon varios balazos, y el oaxaqueño volvió a llamar al encargado de la policía y le preguntó: ¿oí balazos, que pasa ahora?. Cumplimos sus órdenes al pie de la letra, jefe. Los matamos a todos, pero el héroe de la guerra de intervención en 1862 en Puebla quiso decir que les pagaran lo que les debían, pero el funcionario policiaco, inculto, como era, entendió liquidar por matar.

SIN DUDA, México es uno de los países más peligrosos para ejercer el periodismo, de tal suerte que la organización Reporteros Sin Fronteras sitúa al País en el sitio 144 de 180 naciones en la Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa. De acuerdo a datos de la organización no gubernamental Artículo 19, defensora de los derechos de periodistas, 99.3 por ciento de los asesinatos de comunicadores no se investiga de manera exhaustiva, imparcial y objetiva, y en el gobierno de Andrés Manuel López Obrador ya van 18 comunicadores ejecutados, muy a pesar de la supuesta apertura a los medios por parte del nuevo régimen. Sin embargo, la violencia generalizada en algunas zonas del país lamentablemente no paró con la llegada de AMLO para el gremio. Jorge Ruiz del Ángel, director general adjunto de Reacción Rápida y Recepción de Casos del Mecanismo de Protección para Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas, asegura que se han registrado 193 agresiones contra periodistas y defensores de derechos humanos en lo que va del 2020, además de seis crímenes, entre estos el de la colega de Papantla, María Elena Ferral, que sigue impune, muy a pesar de que a la fecha la Fiscalía General del Estado ha logrado la detención de seis presuntos involucrados y seis más se encuentran prófugos, lo que para muchos colegas es más un afán de exhibicionismo de la aspirante a Fiscal General y actual encargada del despacho, Verónica Hernández Giadáns, para ser ratificada en el cargo, que buena voluntad de esclarecer el homicidio.

AMLO EN sus conferencias de prensa ha externado su menosprecio a la prensa, especialmente a los medios críticos que antaño consideraba aliados porque los usaba para sus fines, pero una vez en el poder se deshizo de los mismos acusándolos de conservadores, fifís y corruptos, lo que ha engendrado entre sus seguidores, los llamados “chairos” una tendencia de persecución y vilipendio, aunque cuando los necesita los convoca a apoyar sus proyectos de a gratis, como si los medios fueran propiedad del Estado y no entes privados que requieren de publicidad o contratos comerciales para sobrevivir. Es el doble rostro del Presidente en turno que lo mismo ofende a los nacionales o extranjeros, como ocurrió recientemente con periódicos “famosos, pero sin ética” durante su conferencia matutina en Palacio Nacional, el 15 de este mes. AMLO dijo: “Los periódicos más famosos del mundo mienten, calumnian, The New York Times, The Washington Post, The Financial Times, El País. Muy famosos pero sin ética”, y de esa manera convierte en enemigos a todo el que lo critica, y el mensaje no deja de ser un “entre línea” para los empresarios mexicanos que se anuncian en estos medios para promover sus productos en el extranjero, concretamente en Estados Unidos y Europa. Es como decir, allá ustedes pero el Presidente de México no los quiere, y si no estás conmigo estás contra mí.

AÚN SE recuerda cuando en la edición 291 de Proceso, el semanario denunció la suspensión de publicidad gubernamental, la que estuvo acompañada del impedimento ordenado por Francisco Galindo Ochoa para que reporteros de la revista y la agencia ejercieran su trabajo cubriendo las giras presidenciales, bajo el pretexto de las reducciones del presupuesto. Otros medios afectados por la intolerancia lopezportillista fueron Crítica Política, Dirigida por Carlos Perzábal, y el programa radiofónico de Francisco Huerta, “Opinión Pública”. Y es que en respuesta a una editorial publicada en el semanario el 31 de Mayo de 1982, López Portillo pronunció una de las frases que lo caracterizaron: “No pago para que me peguen” –un entrelíneas que entendieron, incluso, los gobernadores-. Ante directivos de medios nacionales, que cada 7 de junio se reunían con el presidente en turno para rendirle tributo, López Portillo preguntó y respondió: “¿Una empresa mercantil organizada como negocio profesional tiene derecho a que el Estado le dé publicidad para que sistemáticamente se le oponga? Ésta es, señores, una relación perversa, una relación morbosa, una relación sadomasoquista que se aproxima a muchas perversiones que no menciono aquí por respeto a la audiencia: ‘te pago para que me pegues’ ¡Pues no, señores!”-.

AQUELLA FRASE bastó para que todo el Gobierno Federal o Estatales cerraran las puertas a Proceso, pues el “No pago para que me peguen” era un entrelíneas autoritario, una orden encubierta y nadie deseaba contradecir al mandatario en turno que por esos tiempos era como una especie de Dios. Ahora se repite la historia con los mensajes encubiertos enviados por Andrés Manuel López Obrador, aunque en algunas Entidades la respuesta va más allá, y aparejada a la negativa de contratos publicitarios se recurre a la agresión, incluso con finales fatales. Veracruz no escapa a esas tentaciones, y acaso el Gobernador nada tenga que ver, pero los serviles atacan portales e, incluso, a los propios comunicadores amparados en la impunidad que aquí se respira. Así de simple. OPINA [email protected]

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